Te escribo a ti
porque te he leído
Comienza a escribir… es curioso cómo esa frase puede significar algo distinto para cada quien. Es la que aparece en cada nueva publicación que hacemos en Substack y desaparece apenas nos atrevemos a tocar la primera tecla.
Pienso en la cantidad de inicios posibles para una misma historia: “Me habló como si ya me conociera de antes”; “Era abril y todo olía a comienzos”; “No fue el destino, fue que ninguno de los dos tenía prisa”. También pienso en el final que alguna vez dimos por cierto: “Y vivieron felices para siempre”. Ahora creo que ese final suena tan vacío como un río sin agua.
He estado leyendo los comentarios de quienes participan en Desde el anonimato, dejándome su cuenta, y me emociona pensar que esta comunidad se va tejiendo de poco en poco. Disfruto que aquí la viralización sea una palabra muda; nos une el mismo gozo de leer y ser leídos. La escritura. Sin más.
Leer lo que comparten me recuerda algo importante: las palabras son un arma poderosa, son capaces de brindar consuelo, paz y armonía, también de lastimar. Hay que saber qué hacer con ellas. Y mejor aún, cómo hacerlo.
Una palabra deja de ser palabra cuando evoca una emoción. Cuando en ella reconocemos algo de nosotros. ¿Cómo se logra eso? Con detalles. No hace falta adornar lo que se siente, solo mirarlo de cerca. En lugar de frases como “Y vivieron felices para siempre”, cuéntame cómo se ve eso. Regálame una imagen. Hazme recordar que la vida se mide en gestos pequeños, casi invisibles: “Y siempre hubo una risa que rompía la rutina de los lunes”, “Y se cuidaron incluso en los detalles que el otro nunca notó”. La cotidianidad es lo más romántico que existe. Las palabras no necesitan ser maquilladas, necesitan ser reales. ¿Lo notas?
Podría hablar de esto por horas. Al final, escribir es aprender a llegar al latido de la palabra. Ese es el secreto. O al menos, ese ha sido mi secreto.
Hay algo más que me gustaría compartir sobre cómo evitar que las palabras suenen forzadas, pero lo dejaré para la siguiente publicación. ¿Les gustaría que sigamos hablando de cómo hacer que las palabras se sientan vivas?
Veo en sus textos mucha franqueza, mostrarse tan vulnerables requiere valor, y ustedes son valientes. Gracias por compartirme un cacho de ti.
Encontrar tu voz en la escritura requiere paciencia y muchas horas de sentarte a escribir, para ti. Cuando todo se sienta confuso, empieza por lo que te duele, por lo que te alegra, por lo que recuerdas.
A veces escribir no es más que volver a mirar lo que ya estaba ahí: lo cotidiano, lo pequeño, lo que pasa desapercibido… ahí suele esconderse todo lo que somos.
Te leo en los comentarios.
Con amor, Jazmin


La parte de aprender a escribir sin las palabras sean forzadas, me interesa. Disfruto leer por aquí y solo escribo como actividad terapéutica en mi journal. Y a veces, siento ganas de compartir lo que siento... tal vez un día me atrevo. Gracias por crees espacios donde nos sintamos vistas y leídas con ojos amables y empáticos. 🫶🏼
¡me encantó! escribir sobre lo cotidiano, lo que somos y lo que no somos, lo que sentimos, todo desde la vulnerabilidad es realmente sanador.
una vez más, gracias por enseñar Jaz, y por ayudar a los que estamos comenzando.